«La comedia romántica dirigida por Laurence Olivier que marcó un hito en la carrera de Monroe y del cine británico-estadounidense»

En pleno esplendor de la edad de oro de Hollywood, la película El príncipe y la corista (1957) representó un proyecto singular: una coproducción británico-estadounidense protagonizada por Marilyn Monroe y Laurence Olivier, con el propio Olivier detrás de la cámara como director. Adaptación de la obra teatral de Terence Rattigan The Sleeping Prince, esta comedia romántica muestra con elegancia un juego de clases, poder y seducción ambientado en la Europa de comienzos del siglo XX.

Para los aficionados del cine clásico, esta película es una ventana al glamour de la época, al trabajo de una de las grandes estrellas del cine cuando asumió más control sobre su carrera, y también a los desafíos de producción que se vivieron tras las lujosas cámaras de Technicolor.

Trama

En el verano de 1911, Londres se prepara para la coronación del rey Jorge V. Entre los invitados procede del pequeño reino ficticio de Carpacia el joven rey Nicolás y su padre, el príncipe regente Carlos, quien asume la representación de su país ante la corte británica. El gobierno británico, consciente de la importancia diplomática del reino, asigna al funcionario Northbrook para atender al regente y asegurar las buenas relaciones con el Reino Unido.

Una noche, Northbrook lleva al príncipe Carlos a una función teatral donde actúa Elsie Marina, una corista estadounidense con aspiraciones modestas. Carlos queda prendado de su frescura y decide invitarla a una cena privada en la embajada de Carpacia, lo que desencadena una serie de malentendidos, tensiones sociales y diferencias de clase: Elsie esperaba una velada divertida, no una trampa diplomática. Al resistirse al príncipe, quien pretende seducirla con protocolo y galantería, Elsie mantiene su independencia y sentido del humor.

A la mañana siguiente, Elsie se ve envuelta en un complot político: descubre que el joven rey Nicolás, impaciente bajo la regencia de su padre, podría estar conspirando para destronarlo con apoyo extranjero. Gracias a su espontaneidad y sentido moral, consigue mediar, reconciliar padre e hijo y desenmascarar las intrigas. Carlos, impresionado, se da cuenta de que ha encontrado algo más que diversión en Elsie: un vínculo auténtico. Sin embargo, el final queda abierto: él le invita a Carpacia y ella recuerda su contrato en Londres; ambos acuerdan esperar dieciocho meses para verse de nuevo.